Hola a todos, de vuelta en el blog. Desde la última vez que escribí ya ha pasado bastante tiempo. En esos días he tenido que batallar con las tareas de fin de semestre y calculando que todo salga bien, para el 29 de junio estaré completamente libre del tema escuela. Lo más relevante que he hecho en este tiempo es visitar al dentista, vacunarme contra la gripe, visitar un santuario de animales australianos y viajar a Cairns.
La visita al dentista, igual que la primera, costosa, dramática y con resultados poco alentadores. Así que, a eso voy a concluir que si no me duele nada, para qué vuelvo. De mi visita al doctor para vacunarme contra la gripe, parece ser muy acertado porque aquí cada vez hace más frío y viento. Esto de la salud es un tema costoso.
viernes, 15 de junio de 2007
Ahora, la visita al santuario fue patrocinada por un compañero de escuela que se llama Jason, él nos llevo a mi amiga Lorena y a mí. Es un zoológico pequeño, pero muy bonito y con prácticamente todos los animales característicos de Australia. Desde canguros hasta demonios de tasmania sin olvidar al adorable y fodongo koala y los no tan populares wombats y posums. Jason llevó a su hija de 2 años, muy linda la chiquilla y súper chistosa, un poquito mandona. Estaba persiguiendo unos pájaros que se llaman ibis y luego vio un avestruz y quiso corretearla también, decía: “mira papi un patito grandote” (“Look daddy a big ducki”).
Por último, mi viaje a Cairns. Cairns está al norte del territorio australiano en el estado de Queensland. Tomé un vuelo de tres horas y media para llegar ahí. El objetivo principal, ver la Gran Barrera de Coral. Cairns no tiene una playa bonita, de hecho es un lodazal, en el centro tienen una playa artificial, quizás Marcelo Ebrard se inspiró para las playas del DF en algo así. Sin embargo, el tour que tomé me llevó a un parque natural que está en una isla y ahí pude hacer snorkeling. Definitivamente, no soy muy buena con ello, me cuesta mucho trabajo respirar y para colmo, el visor no va con mi cara, entonces la instructora me dijo que no podía sonreír porque se me metía el agua. En fin, se trata de una actividad un tanto amarga para mí, yo veía los pececitos y sonreía y se me metía el agua y me tenía que regresar. La primera vez que me asomé a este mundo de coral, me dieron ganas de llorar, los colores son hermosos y sentí que invadía un mundo distinto y no sé con que derecho. Fue una experiencia maravillosa.
Después, nos llevaros a hacer snorkeling en lo que denominan outer reef que no es otra cosa que en mar abierto. Para llegar a la zona tardamos una hora y en el camino vimos tiburones. Al llegar al punto, me dio miedo, pedí un flotador, me lo puse, brinqué del bote al mar, se me cayó el flotador, me puse a nadar sin él, pasé cinco olas y me regresé al bote para que me lo prestaran otra vez. Lo sostuve con la mano, empecé a ver los peces, todo muy lindo, me salí de la zona designada y me empezaron a gritar que para allá no nadara. Finalmente, me espanté, pensé que los tiburones me comían y me regresé al barquito.
Al día siguiente, visite tres playas, la más bonita Palm Cove, la otra no recuerdo su nombre y la que no me gustó nada, Trinity Beach. En todas estas hay aguas malas o jellyfish, pero en Trinity además puede haber cocodrilos y tiburones. Nada como las hermosas playas mexicanas de colores y arenas suaves. Así fue como me deshice del frío por cuatro días. Después, a seguir en el cada vez más frío y gris Melbourne. Ayer, desperté, me asomé por la ventana y todo estaba cubierto de neblina, mi jardín parecía el bosque del terror. Este domingo es mi carrera, espero que el clima no me impida cumplir con mi deber. Sin más que decir, me despido.
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