lunes, 5 de marzo de 2007
Gimnasio
Finalmente me inscribí en el gimnasio, después de tres cambios de horario y finalmente de grupo, ya acomodé mi tiempo libre y ya puedo hacer ejercicio. Estuve probando las instalaciones de uno, que no terminó de convencerme, pero aproveché la cortesía de dos semanas y luego acabé en otro a tres cuadras de mi casa. El precio es el mismo, pero el ambiente es mucho más familiar, nada complicado, es un lugar sencillo, nada más con lo necesario. Me asignaron a una entrenadora personal, mi mayor sorpresa fue cuando Wendy llegó y se trata de una persona de aproximadamente unos 98 kilos, definitivamente con problemas de sobrepeso. La verdad me dio mucha risa, no me pude aguantar cuando la vi, pensé que a lo mejor era una broma, es una persona encantadora, sin embargo, cuando uno va al gym, se imagina que la instructora tiene un cuerpo súper atlético. Es curioso, como todo aquí. Después, me llevaron a la clase de “Love it Latin!”, por más bizarro que pueda parecer, son clases de salsa, por fin voy a aprender a bailar salsa, claro que al estilo australiano, el cual no difiere mucho de lo que ya sé hacer, incluso me atrevo a decir que yo tengo un poquito más de gracia y ritmo que mis compañeras y la maestra, que por cierto es francesa. El único detalle es que la música, pues no es salsa, los pasos sí, pero la música es la de “Conga” de Gloria Stefan, “Tequila”, “La chica de Ipanema” y “Dígale” de David Bisbal, en versión remix. Estos australianos creen que cualquier canción en español es salsa.
Despues de un mes...
Precisamente después de un mes, ya podrán notar que cada vez estoy más en Australia que en México, he dejado de actualizar este blog tan seguido y eso no es más que un reflejo de mi resignación o proceso de adaptación o inmersión en las tierras australianas, cómo sea que lo quieran llamar. La semana pasada me invitaron a un evento de comunidades latinas en el Parlamento de Victoria, fue muy interesante saber que prácticamente hay gente de todos los países latinoamericanos y no me lo van a creer, pero el mexicano que estaba ahí y que lleva viviendo 21 años aquí en Melbourne, estudió Sociología en Acatlán. ¿Cómo ven los acatlecos invadimos Melbourne?
Déjenme contarles que para este evento en el Parlamento tuve que vestirme de manera formal, no mucha porque los australianos no son formales. Tuve que comprarme un cinturón y no me di cuenta de lo que estaba comprando, sólo lo lleve porque no estaba tan feo, era de mi talla y bueno el precio estaba caro, pero esa es una cualidad de todo lo que venden en Australia. El cinturón es negro, muy brilloso, pero muy duro, entonces pensé que estaba comprando una cochinada de cartón y me extrañó mucho que la señorita de la tienda lo envolviera tanto y me dijera que hice una muy buena compra. Llego a mi casa, y se cae la etiqueta “auténtica piel de víbora australiana”, me dio muchísima risa, asco y remordimiento de conciencia. Luego ya me explicaron que utilizan la piel que dejan las serpientes cuando la cambian porque está prohibido matarlas. Sin duda es el mejor souvenir que pude conseguir involuntariamente porque me lo han chuleado mucho. Lo único malo es que en marzo empieza la temporada de serpientes, así que espero que ninguna se meta a mi casa para cobrar venganza.
Les cuento que el fin de semana pasado fui a un lugar que se llama 12 apóstoles, son unas rocas inmensas que emergen del mar, antes había 12, pero ahora sólo quedan 6. Para que se den una idea basta ver las fotos que ilustran este texto. Mi roomi, Paty, vino a visitarme a Melbourne, con ella compartí cuarto en Canberra, Sydney, Shanghai, Beijing y el vagón de tren a Xi´an, la quiero mucho, es una súper amiga. Recordamos viejos tiempos en un restaurante de comida china, pedimos pollo y nos lo llevaron casi crudo, pero así nos lo comimos. Al día siguiente nos fuimos de shopping, poquito, no como antes, comimos juntas y nos la pasamos súper bien. Yo compré un oso disfrazado de cerdo, conmemorativo del inicio del año nuevo chino. Es mi año porque yo soy un cerdo en el horóscopo chino.
Debo confesarles que mi vida ha ido perdiendo emoción desde que me volví amiga del gato, ya nos queremos mucho los dos, pero nunca va a entrar a mi cuarto, bueno ya entró dos veces. Ya no hay arañas en casa, pero ya eliminé a doce cucarachas, es una plaga en Melbourne, hasta hay un programa en el radio en el que la gente contó que se meten por todos lados y alguien contó que en su tostador salieron dos en cada pan, respectivamente doraditas. Yo tuve la peor experiencia cuando me metí a bañar, salí, saqué mi crema de una canastita que está en mi lavabo, y brincó la cucaracha hacia mi ropa, quité la ropa con una mano, aventé la crema y con la otra mano tomé mis chanclas y la aplasté. No puedo rosear nada porque le puede hacer daño al perro y al gato, compré unas trampas con veneno, pero tuve que retirarlas para evitar matar al gato o al perro. Estoy en código rojo, cada vez que salgo reviso las puertas, paredes, piso, techo, uno nunca sabe cuando puede aparecer otra. A partir de la fecha de publicación de este spot, agreguen una cucaracha por día, la última cifra es de quince.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
