jueves, 15 de febrero de 2007

Primer día de clases




El viernes, me dieron la lista de libros, pero el horario de la tienda de libros estaba mal, así que me di una vuelta en vano porque ya estaba cerrada. El caso es que yo no estoy muy segura, pero parece que ahora me dedico a coleccionar todas las tonterías que me pasan, y es que voy una tras otra. Me compré unos zapatos nuevos para mi primer día de clases, que cursi, lo acepto. Obviamente caminé como todos los días desde mi casa hasta la escuela, pero no contaba con que los zapatitos nuevos me iban a lastimar, así que antes de llegar a clases tuve que hacer una escala en una gasolinera para ver si vendían curitas en una tiendita que se llama Safeway, verdaderamente me salvó un ratito. Llegué temprano para comprar mi lista de libros, como buena ñoña que soy y ya llevaba mis etiquetitas con su nombre para que no se me pierdan mis libros, no pensé gastar más de AU $400 entre libros y papelería. Sorpresa, en tan sólo los libros se me fueron AU $500 y AU $100 en cuadernos, claro que fue un golpe traidor, gracias a Dios existe Visa, porque de no ser así no hubiera podido pagar. Pero mi derroche de inteligencia, no paró con las ampollas sino en que no pensé que tenía que caminar 30 minutos para regresar a casa y mi listita de libros era de 10 de esos gordos Prentice Hall y Mc Graw Hill. Entonces me dije, voy a tomar el camión y me sentí muy inteligente por eso, sin embargo, llego a la parada y un vándalo arrancó el horario de los camiones. Ok me dije, voy a esperar, ya pasará uno, me quedo 30 minutos esperando bajo el hoyo de ozono con un calor de 38° C y no paso ninguno, pasan tres taxis y me pongo de tacaña y no quise pagar, además ya sólo traía AU $10 después de mi gran compra. Con los libros no me puedo poner coda porque pues a eso vengo, a estudiar. Finalmente, después de calcinarme porque además me puse una playera negra, quise un taxi, ya no pasó ninguno y tuve que caminar los 30 minutos, ya no tengo pies, por lo menos me salieron 6 ampollas en cada pie y lo único que pensaba es, si hay tantas mujeres que caminan kilómetros para llevar agua a sus casas en México diario, yo puedo hacer esto, sí pude, pero no puedo negar que sí que soy Carmencita.

En la tarde acompañé a un paisano a que conociera la ciudad y me la pasé muy bien. Mis clases están muy interesantes, pero como en muchos lugares, la primera semana no se trabaja. El miércoles es 14 de febrero, y bueno, yo le compré unos chocolates para perro a Billy, al gato obviamente nada.

SEMANA 4




Finalmente, esta semana sólo fue de trámites para empezar mis clases el 12 de febrero, ya tengo mi credencial de estudiante y lo mejor es que no salí tan fea en la foto. Tengo un horario de tiempo completo, empezando algunos días desde las 8:30 y terminando al cuarto para las seis. Fui a la ciudad a tomar las fotos que ilustran la semana pasada y visité mas lugares como la Biblioteca Estatal, el cine al aire libre, en Federation Square tienen un espacio con campanas de distintas formas que suenan con el viento, caminé a la orilla del Río Yarra y me la pasé muy bien, comí muy rico en una cafetería que vende repostería francesa. En general, todo iba bien, hasta pensé en regresarme hasta la noche, pero tuve que volver antes porque un tipo de la India me empezó a seguir y a decir de cosas. Afortunadamente, los edificios llenos de cristales hacen efecto de espejo, entonces bajé el paso y luego corrí hacia la estación del tren, me atravesé, casi me mata el tranvía, pero me deshice de ese tipo. Al día siguiente, conocí a la gente que va a estar en el curso conmigo, no hay indios en el curso, no es racismo esto, pero viendo la atracción fatal que tengo con ellos, prefiero no tener que lidiarlos porque son un tanto acosadores. El grupo tiene un número igual de estudiantes internacionales y australianos y la edad promedio es de 24 años.

FOTOS


domingo, 11 de febrero de 2007

Aclaración

Una disculpa por no poner imágenes, pero contraté un servicio de internet bastante lento y primitivo, "muy barato" en Australia, verdaderamente un auténtico asalto en México, MN$10 la hora y no me permite subir imágenes al blog. Las fotos llegarán más tarde.

Semana 3, siempre turista... nunca viajera


La Ciudad

Ahora sí estuve en la ciudad o en el downtown de Melbourne, de verdad, es decir, me quedé todo el día para visitarlo, conocerlo y disfrutarlo. Tomé el tranvía 109 que salé desde Box Hill y en 45 minutos llegué a Collins Street, una calle que bien podría parecerse a Presidente Masaryk, por las boutiques que tiene, pero que también podría parecerse a la calle de Madero por la arquitectura de sus edificios o a una estación del metro, por la cantidad de gente. De ahí caminé por Flinders Street, hasta llegar a la Flinders Station que es la estación del tren y en frente está lo que llaman Federation Square, que no es otra cosa que un edificio con arquitectura de tipo muy moderna, que en lo personal no me agrada y me parece cómo decoración de baño público. Seguí caminando hasta llegar a la sala de conciertos, que estaba cerrada, pero que me permitieron ver, porque dije que era mexicana. Es una sala, bastante grande, un poco más pequeña que el Auditorio Nacional, pero con una decoración mucho más delicada en tonos durazno y acabados en madera. Después caminé un poco más y pude tener una hermosa vista del Río Yarra que atraviesa la ciudad y de los múltiples cafecitos y restaurantes que están a la orilla. También vi los jardines botánicos, a los cuales tendré que dedicarles un día entero para recorrerlos. Más tarde me dirigí a la National Gallery of Victoria, que tiene una impresionante entrada compuesta por una pared de agua, pero que los martes cierra y por ello, no pude entrar. Después de caminar por lo que ellos denominan Southbank, regresé a Federation Square donde me conseguí unos mapas de la ciudad. Ya tenía rato caminando, así que con un poquito de hambre me senté afuera del Australian Centre for the Moving Image, comí, lo de siempre un sándwich y después regresé a casa.

¿Por qué no...más ciudad?


El viernes regresé a la Ciudad, sí les parece que vivo en un pueblito, pues sí así es, no están equivocados. Fui a la oficina de Qantas para cambiar la fecha de regreso a México, la tengo para el 14 de noviembre, pero en realidad no pretendo regresar sino hasta diciembre. No pude lograr el cambio, del 18 al 25 de diciembre, ya no hay boletos de LA a la Cd. de México, los paisanos ya aseguraron pasar las fiestas decembrinas con su familiana, yo no. Después de tan terrible noticia, me fui a la National Gallery of Victoria, donde pude ver una exposición de Juan Dávila, un pintor chileno que en lo personal no me terminó de convencer, sí lo admito, aún soy muy conservadora en mis gustos por la pintura. Una de sus obras se llama Mexicanismo (1990) y me ofendió un tanto ver en la parte inferior una leyenda que decía “we like to opress poor people”, su trabajo es un collage en el cual destaca un telar con la imagen de la vendedora de flores, que Diego Rivera pintó, después recapacité y pensé en esta famosa frase, la verdad no duele, pero incomoda. Este lugar de exhibición es muy grande y muy bello, salvo por los puentes de cristal que naturalmente como todos los puentes me provocaron miedo, porque no me gustan las alturas y porque hacían crack conforme iba caminando, tan sólo pensaba: “¡Qué diablos desayuné en la mañana, espero no estar muy pesada, creo que debería adelgazar! Finalmente, se me quitó lo naco y tonta y pude observar algunas pinturas de Monet, Manet, Renoir, Sisley y Tissot, que definitivamente son lo que me gusta ver. Caminé un tanto más por la ciudad y llegué a Bourke Street, que no es más que otra calle más para ir de shopping y donde están los grandes almacenes parecidos a Liverpool y a El Palacio, Myer y David Jones respectivamente. Me curé la depresión de no poder regresar a casa en Navidad con una sobredosis de chocolate, (café mocha y brownie de triple chocolate fudge del Starbucks, ese lugar es terapéutico) que me dio felicidad y mucho placer por unos cuantos minutos. Más tarde tuve que intentar otro remedio infalible, sí el shopping, me compré un teléfono celular, que necesito, no sé para qué, si no tengo quién me llame, pero lo necesito y 25 horas de Internet prepagado o 45 días para usarlo, lo que llegue primero, o probablemente ninguno porque aún no puedo descifrar cómo echarlo a andar en mi lap. Obviamente, todos los remedios terminaron en una cruda moral al día siguiente, (salvo el shopping, que fue relativamente apropiado) pero se me quitó saliendo a correr.