La Ciudad
Ahora sí estuve en la ciudad o en el downtown de Melbourne, de verdad, es decir, me quedé todo el día para visitarlo, conocerlo y disfrutarlo. Tomé el tranvía 109 que salé desde Box Hill y en 45 minutos llegué a Collins Street, una calle que bien podría parecerse a Presidente Masaryk, por las boutiques que tiene, pero que también podría parecerse a la calle de Madero por la arquitectura de sus edificios o a una estación del metro, por la cantidad de gente. De ahí caminé por Flinders Street, hasta llegar a la Flinders Station que es la estación del tren y en frente está lo que llaman Federation Square, que no es otra cosa que un edificio con arquitectura de tipo muy moderna, que en lo personal no me agrada y me parece cómo decoración de baño público. Seguí caminando hasta llegar a la sala de conciertos, que estaba cerrada, pero que me permitieron ver, porque dije que era mexicana. Es una sala, bastante grande, un poco más pequeña que el Auditorio Nacional, pero con una decoración mucho más delicada en tonos durazno y acabados en madera. Después caminé un poco más y pude tener una hermosa vista del Río Yarra que atraviesa la ciudad y de los múltiples cafecitos y restaurantes que están a la orilla. También vi los jardines botánicos, a los cuales tendré que dedicarles un día entero para recorrerlos. Más tarde me dirigí a la National Gallery of Victoria, que tiene una impresionante entrada compuesta por una pared de agua, pero que los martes cierra y por ello, no pude entrar. Después de caminar por lo que ellos denominan Southbank, regresé a Federation Square donde me conseguí unos mapas de la ciudad. Ya tenía rato caminando, así que con un poquito de hambre me senté afuera del Australian Centre for the Moving Image, comí, lo de siempre un sándwich y después regresé a casa.

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